Como hace mucho que no actualizo, aquí va un “random day” no tan random :p
Jueves, 5 de noviembre de 2009. Aparte de ser el 21º cumpleaños de Elisa, Barbara, Ricardo y yo nos hicimos una excursioncita al Ikea en el magnífico coche de Barbara, con calefacción en el culo y navegador (por lo visto, Barbara es especialista en perderse :p) mientras fuera llovía (qué raro) :D

Una vez allí, después de haber cogido una mítica bolsa amarilla cada uno, lo primero que vimos fue un sofá… y fuimos directos a sentarnos en él xD Creo que ya lo he comentado alguna vez, pero en esta casa no tenemos ni sofá, ni salón, ni nada que se le parezca.
Seguimos nuestro trayecto “sigue las flechas” (o “follow the arrows”, para el caso), diciendo que teníamos que comprar cada cosa que veíamos (una tele de plasma, un lavabo más grande, una cocina más grande, un salón…), hasta que llegamos al restaurante. Ricardo alucinó con los precios y dijo que había que ir al Ikea a comer más veces (era su primera vez en un Ikea xD). Barbara y él se tomaron un apple pie cada uno, y yo unas míticas albóndigas (era mi lunch). Curiosa conversación sobre la 2ª guerra mundial, único momento de conversación “seria” en una excursión totalmente de coña.
A continuación, Barbara y yo intentamos hacernos una tarjeta Ikea Family con el formulario en danés. Nos iba bastante bien, habíamos superado el “We are K, right?” frente a las opciones ‘M’ o ‘K’ (Mand y kvinde, para quien quiera aprender danés :p), hasta que llegamos a algo que no teníamos ni puñetera idea de lo que significaba… así que lo dejamos ahí :p
Seguimos nuestro camino, hablando también de comprar camas para niños, lámparas de colores, chismes que cuelgan del techo para dejar cosas… hasta que llegamos a la sección de cocina. Compramos una espumadera, y después dejamos que Ricardo lo gozara en la sección de cazos y sartenes (a todo esto, tendríais que haberle oído gritar el día que entró en la cocina y descubrió que nos habían puesto un horno nuevo xDDD). Después de que Ricardo hubiera elegido la sartén que quería, avanzamos a la sección cojines y sábanas, donde yo me compré un cojín mientras Barbara decidía qué sábanas quería (y después de contarme que, cuando vinieron sus padres, le trajeron unas sábanas nuevas y ella les dio las que tenía sucias para no tener que lavarlas xD). Ah, en esta sección, Ricardo descubrió los míticos lápices… le vi que los miraba con anhelo, me acerqué a decirle “son gratis, puedes cogerlos” y se le iluminó la cara xDD
En la sección oficina, Ricardo se compró una cutre-caja (una caja de cartón para meter papeles, sin más), mientras que Barbara se fue a por una un poco más elaborada :p
Compramos alfombrillas para las dos puertas de entrada, un par de tendederos, pues los que tenemos siempre están llenos, y, finalmente, llegamos a la sección lámparas. Allí, Ricardo y yo necesitábamos lámparas para nuestras mesas, y Barbara quería una con una finalidad un poco más decorativa. Ricardo encontró la lámpara más barata del Ikea: 29 coronas (unos 4€). La cosa era que queríamos que la accomodation office nos las pagara y, cuanto más baratas fueran, más fácil sería. Barbara se compró una por no sé si 60 coronas o algo así. Después, buscamos las bombillas, y una chica del Ikea le dijo a Ricardo cuáles eran las mejores para nuestras lámparas.
A la hora de pagar, la caja de Ricardo era tan cutre, que el cajero se debió pensar cualquier cosa y no se la cobró xD
Acabamos la visita con un mítico perrito de 5 coronas para Ricardo y dos helados de 10 para nosotras :p
Volvimos a casa no sabemos cómo… no sabíamos dónde estábamos, y de repente aparecimos en la estación de Lyngby. Descargamos, y nos pusimos a montar las lámparas y las cajas… como dijo Ricardo, lo barato sale caro. Los tornillos de nuestras lámparas eran una mierda, y se destruían al intentar sacarlos. Barbara las bautizó como “Shitty lamps” y se descojonó de nosotros todo lo que quiso, especialmente cuando le quitó el plástico a su lámpara, la enchufó y empezó a dar luz… y mientras Ricardo y yo nos pegábamos con destornilladores, alicates y cuchillos. Por suerte, Tamás acudió en nuestra ayuda con un magnífico destornillador Philips que fue perfecto para la ocasión. En ese momento, la cosa se convirtió en una carrera por ver quién montaba y hacía funcionar su lámpara más rápido. Pero al enchufarlas, oh, nuestro gozo en un pozo: no funcionaban… hasta que se nos ocurrió probar las bombillas que habíamos comprado en lámparas que sabíamos que sí funcionaban, y vimos que no iban ¬¬ Así que odiamos a la mujer que le dio esas bombillas a Ricardo, y ahora tenemos que volver otro día al Ikea para cambiarlas.
Y ésta es la historia de nuestro día en el Ikea. Para otra ocasión, continuaré con la noche en Kampsax que vino después.


